Lo primero que el aprendiz de reidor ha de conseguir es confianza en sí mismo, ya que de otra forma nunca podrá reír en público. Inmediatamente después debe realizar una lista de todas las cosas que le hicieron llorar en el pasado y luego de leerla en voz alta pero parado de cabeza, debe quemarla con la llama de una vela azul y redonda. Habiendo terminado estos dos pasos debe grabarlos en su memoria para siempre, con motivo de recordarlos y no tener que repetirlos. En caso de que el individuo sufra de olvidos crónicos se recomienda registrar las etapas en una video-grabación o contar con la presencia de un escribano que le sirva de testigo.
Cumplimentados los pasos descritos el interesado en reír debe imaginar una situación, imagen, chiste, película, cara, objeto, animal, vegetal, mineral, frase, país, persona, palabra o estrella que le resulte cómica e invocarla o invocarlo en el pensamiento (*). Si hizo todo lo que se indicó hasta el momento podrá sentir un cosquilleo en el pie izquierdo que ascenderá lentamente hasta llegar a sus cuerdas vocales. Sin perder un segundo deberá abrir la boca y liberar los sonidos atrapados, que escaparán de su cuerpo materializando la risa, objetivo de toda esta empresa.
Esta receta para reír tiene su origen en las costas del río Amazonas alrededor del Siglo XII y fue transmitida de generación en generación en generación en generación...
(*) Por ejemplo a algunos les resultará chusca la parabra bodoque o la caída de alguien por la calle.

Inspirado por el gran maestro Julito Cortázar y propuesto por una de mis maestras de escritura Estela Kallay (profesora de taller de expresión I)
Hasta la próxima!!
Gabba Gabba Hey!
